Por: Leticia Cortés Monroy – Psicoterapeuta
Diplomada en Tanatología,  Trastornos de la Ansiedad y Conducta,  Psicología Clínica, Victimología, Programación Neurolingüística, Prevención de suicidio, actualmente en Prevención de abuso sexual infantil.

Han surgido eventos o circunstancias, que aunque sean temporales, resultan estresores o modifican la cotidianidad. Por ejemplo, lo que está ocurriendo con la contingencia sanitaria por COVID-19, ya que es un suceso que trae incertidumbre y desconcierto, e innegablemente surgirán cambios emocionales.

Hoy les comparto “Los piquitos de mi corona” un material que en conjunto con mi familia, elaboramos durante estos días en casa, ya que mi prioridad profesional es la salud emocional que, por ahora, está siendo afectada por las situaciones derivadas de la pandemia por COVID-19.

Es un cuadernillo de actividades entretenidas, como guía básica para gestionar las emociones y lo que estamos sintiendo, ante todo esto. Y aunque parecieran actividades para niñas y niños, realmente pueden ser funcionales para cualquier persona. La descarga es gratuita y si requieren más información, comentario o consulta, al final del cuadernillo encontraran los datos de contacto. 

 

Las emociones, algo que todos los días experimentamos pero que continuamente no entendemos porqué están, para qué las tenemos, qué hacemos con ellas y más aún cómo las manejamos.

Nos ayudan a definir y encuadrar la forma de relacionarnos con el mundo, sin embargo a veces pareciera un mundo complejo, tan complejo que en ocasiones se prefiere reprimir o huir antes que entender y expresar. 

Las emociones son esas respuestas o reacciones psicofisiológicas que tenemos, ante estímulos externos, en relación a otra(s) persona(s), lugares o circunstancias y que representan modos de adaptación al entorno, involucran pensamientos que nos llevan a hacer una valoración de la situación, generando  manifestaciones conductuales, al principio tan básicas como el llanto o la sonrisa pero que son el inicio de una forma de acomodación al entorno, es decir que las emociones son reacciones adaptativas y por lo tanto tienen una funcionalidad. 

La emoción es inherente a cada ser humano, forma parte de nuestra naturaleza desde que nacemos y no hay manera de que nos las quitemos o no las tengamos. Aquí lo valioso es descubrir para qué las tenemos y cómo las usamos, por lo tanto no son ni buenas ni malas, ni negativas ni positivas, simplemente son reacciones que por supuesto es importante modular y gestionar.

Las características primordiales de una emoción es que es:   Biológica e inconsciente ya que viene en nuestro paquete individual neuropsicológico, específica, de corta duración ya que es de reacción automática y reactiva, involuntaria por lo tanto no se puede resistir, contagiosa, universal, puede ser agradable o desagradable pero sobre todo será adaptativa.

Hablaremos ahora sólo de las básicas, las principales y de las que se desprenden muchos más sentimientos. Y si miramos bien dentro de este enredado mundo, podremos recibir la información que nos dan, descubriendo su función como un recurso adaptativo. Así encontramos:
Alegría: Nos dispone a relacionarnos y compartir, intensifica la confianza y fomenta la acción constructiva y la toma de iniciativa, facilita la liberación de la tensión y fomenta el bienestar, impulsa a acercarse a las metas, favorece la recepción e interpretación positiva de los diversos estímulos ambientales, induciendo a reproducir lo agradable.

Tristeza: Nos hace detenernos y propicia la reserva de recursos, interiorizar en nosotros, invita a la reflexión, a analizar la situación, facilita el aprendizaje buscando alternativas y habilidades para la reintegración personal, genera en los otros el comportamiento de ayuda y empatía.

 

Enojo: Ayuda a poner límites y rechazar los estímulos nocivos,  defendernos con un sentido de supervivencia y diferenciación, para eliminar factores que alteran nuestra satisfacción o necesidad, genera el análisis para fortalecer el desempeño, ayuda a evitar situaciones peligrosas.

Miedo: Es la emoción más primitiva que tenemos y biológicamente, su función es prepararnos para la supervivencia, nos anticipa a responder ante un riesgo o amenaza, activándonos a enfrentar o huir, facilita el aprendizaje de habilidades para afrontar y bloquea en situaciones de pánico para la protección propia y de otros.

 Afecto: Nos pone como en una montaña rusa, pero su función permite   crear vínculos necesarios para el crecimiento y desarrollo, inhibe el   comportamiento defensivo, promoviendo la confianza y fomentando la   interacción social, aumentando las probabilidades de preservar la especie a través de la procreación y el vínculo parental y familiar.

 Calma: Su función es restablecer el equilibrio, permitiendo descansar y  reponer fuerzas, generando un estado de estabilidad interna, sin  movimientos intensos que permiten conectar lo que ocurre fuera y  dentro de nosotros .

Y por supuesto que sus manifestaciones son lo que permitirán esta adaptabilidad, pero ¿cómo podemos darnos cuenta qué están ahí y sobre todo gestionarlas funcionalmente?

Decíamos anteriormente que involucran pensamientos que serán diversos e inagotables y respuestas conductuales también tan variadas como llorar, reír, huir, gritar, golpear, abrazar, esconderse, brincar, etc. de acuerdo con cada emoción, a cada situación y por supuesto a la capacidad y variedad de respuesta de cada persona.

E involucran también respuestas fisiológicas, es decir reacciones en el cuerpo involuntarias como: aceleración cardíaca y de la respiración, sensación de calor o frío, enrojecimiento, temblor, tensión muscular, dificultad para respirar, sudoración, sensación de vacío en el estómago, opresión en el pecho, entre otras, ya que cada persona reacciona diferente, pero que de una forma u otra existirá alguna reacción corporal. Esto resulta muy útil, ya que si logramos identificar alguna de estas sensaciones, podría funcionar como nuestra señal de alerta para darnos cuenta que estamos experimentando alguna emoción, hacernos conscientes de lo que estamos sintiendo, si es necesario detenernos, preguntarnos qué es lo que nos está haciendo sentir así, para qué nos está sirviendo esa emoción y entonces razonar la conducta o acción que nos resulte más conveniente.

 Sería de gran beneficio que la educación emocional iniciará desde la   infancia, ya que a través de este aprendizaje se va construyendo la   visión de uno mismo, ante los demás y ante el entorno, con la idea de   fortalecer las estrategias para afrontar de una manera más favorable   las circunstancias que nos van ocurriendo a lo largo de la vida, pero   es sumamente importante aclarar que una adecuada educación emocional no significa reprimir, evitar, esconder, aguantar o huir de lo que se está sintiendo, representa reconocer, identificar, entender, gestionar y expresar adecuadamente.

Por supuesto que cuando se es niño o niña, están en desarrollo los procesos cognitivos y con ello los emocionales así como las habilidades y destrezas para expresarlos, por lo que es muy común que ante alguna situación no agradable, la expresión en  sus conductas, pueda ser de enojo, como gritar, golpear, empujar, etc. Recordemos que es la que les ayuda a poner límites y una barrera, y bajo esas circunstancias para los menores les es funcional, sin darse cuenta de las consecuencias. Es parte fundamental la labor del adulto en estos procesos de aprendizaje, para el reconocimiento y la expresión sana y responsable de las emociones, ya que su actitud ante las circunstancias determina en gran medida la percepción de los menores y la generación de recursos para manejarlas.

Descarga “Los piquitos de mi corona”: https://micorona19.blogspot.com/2020/04/httpsdrive.html

Déjanos tu opinión en los comentarios o mándanos foto de tu familia aprendiendo con “Los piquitos de mi corona”. Esperamos que esto te ayude a descifrar tus emociones y las de tu familia. ¡Quédate en casa! Campus Móvil.

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